Para un niño que se inicia en la lectoescritura, no basta con saber que la palabra «CASA» tiene dos trocitos; el verdadero reto cognitivo aparece cuando debe identificar en qué lugar exacto suena una sílaba determinada. La conciencia fonológica es la base sobre la que se asienta todo el aprendizaje posterior, y trabajarla de forma aislada con palabras bisílabas permite que el alumno se concentre exclusivamente en el sonido y su posición, ganando seguridad antes de enfrentarse a estructuras más complejas.
El objetivo de esta actividad es que el alumno indique una sílaba objetivo (por ejemplo, en la tarjeta de «PALA», buscar la sílaba «PA»). El alumno deberá decir la palabra en voz alta, segmentarla y marcar el círculo correspondiente (en este caso, el primero). Esta acción de «ubicar» el sonido ayuda a fijar la estructura de la palabra en su mente de manera espacial y auditiva.






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